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La alimentación, tanto a nivel individual como colectivo,
tiene gran importancia en el nivel de salud de la población.
La dieta forma parte del entorno que afecta a los individuos,
y constituye, además, un elemento de abordaje esencial
en la promoción de la salud, en la prevención de
las enfermedades y en la rehabilitación de los enfermos.

La alimentación en la salud de las personas tiene una importante
dimensión social, tanto es así que factores como
la cultura, la religión, el poder adquisitivo, el clima,
los mitos o tabúes, los acontecimientos familiares o sociales,
el status social o las modas, son determinantes en los hábitos
alimentarios.
A esta dimensión social debemos añadir la implicación
de valores y actitudes propios de cada persona, familia o sociedad.
No podemos olvidar que la comida es un momento importante en la
dinámica familiar como espacio de diálogo, de encuentro
o de comunicación, en la dinámica laboral como comidas
o cenas de empresa, y en las relaciones sociales o en las cenas
con la pareja o con los amigos.
Los cambios en la dieta y/o alimentación pueden generar
problemas de salud de carácter psicosocial, al ser valorados
habitualmente de forma negativa por el impacto social, entre otros,
que conlleva.
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