El conocimiento de la existencia del vegetarianismo data de la época
de las tribus primitivas de la India, cuya religión contaba
con un gran parecido a la filosofía de Pitágoras que
ya, desde hace dos mil quinientos años recomendaba excluir
de la dieta algún tipo de carnes.
Entre 1830 y 1840, Sylvester Graham (ministro
presbiteriano) desde su púlpito inició una auténtica
cruzada moral promoviendo la abstención de ingerir carnes,
como ya lo habían llevado a cabo, en Inglaterra (1809), miembros
de la iglesia Bíblica Cristiana.
Fue John Harvey Kellog quien inició
estudios de la influencia de alimentos y salud, y buscó alimentos
que pudieran ser alternativos a las carnes.
El estilo de vida actual, el consumo de dietas
excesivamente refinadas y su posible relación con las enfermedes
neoplásicas y el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares,
han hecho que las dietas vegetarianas sean de interés en los
foros científicos.
Como dietas vegetarianas conocemos dos tipos
básicos, la dieta estricta en la que no se aporta ningún
alimento de origen animal, y las dietas más amplias como la
ovolactovegetariana. La dieta macrobiótica zen no va a ser
comentada ya que fue catalogada como peligrosa para la salud en 1966
por el gran jurado de Estado de Nueva Jersey.
En la actualidad, sabemos que no es necesario
realizar una dieta vegetariana para conseguir un óptimo estado
de salud y que "debe estar muy bien controlada y estructurada
para no producir efectos nocivos para el organismo".
Por ejemplo, el excluir de la dieta algún
tipo de alimentos de origen animal puede comportar, por defecto o
por falta de capacidad de absorción, problemas nutricionales.
En ocasiones esta dificultad de absorción viene dada por el
exceso de alimentos ricos en fibra que, directa o indirectamente,
comprometen la absorción.